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4 motivos por los que se puede olvidar la lengua materna 

15 octubre 2020, Babbel

Babbel analiza cuándo se produce la erosión lingüística: dominio de otro idioma, reducción del uso, calidad del contacto con el idioma nativo y actitud negativa del hablante hacia el idioma

 

 La erosión lingüística es la pérdida progresiva de un idioma debido a la falta de uso. Es un fenómeno poco conocido, pero relativamente común, que le puede suceder a personas que tienen poco o ningún contacto con su lengua de origen, como los migrantes que abandonan su país natal a una edad temprana.

El conocimiento de la lengua materna se siente diferente a otros tipos de conocimiento. Es un conocimiento, a priori, vital, fundamental, que está intrínsecamente ligado a tu noción de identidad y a la forma en que una persona construye sus primeras estructuras mentales y su forma de ver el mundo. Intuitivamente, parece que es sólido y estable, y que no debería deteriorarse cuando se descuida. De hecho, la Dra. Rita Santoyo Venegas,  experta del departamento de Didáctica de Babbel, señala que “está tan profundamente arraigado en nuestro cerebro, que se hace incómodo e inusual sentir una pérdida de control sobre este conocimiento”.

Lo cierto es que “muchas personas que viven en el extranjero durante una larga etapa de su vida, aseguran que cuando hablan en el idioma nativo, a menudo tienen la palabra deseada en la punta de la lengua, pero no les sale. La palabra se evapora y, en su lugar, aparece otra no tan apropiada, lo que les lleva a agobiarse”, concluye.

¿Cómo es posible olvidar tu idioma materno?
Cuando aprendemos un idioma extranjero, lo hacemos a través de nuestra lengua materna (a menudo denominada L1). La L1 es el sistema lingüístico que adquirimos durante la infancia y constituye el intermediario que nos permite domesticar una lengua extranjera desconocida. Traducimos palabras desconocidas y, a menudo, las insertamos en estructuras gramaticales familiares. Poco a poco, el nuevo lenguaje se arraiga en nuestras mentes. Nos vamos acostumbrando a los nuevos sonidos y empezamos a utilizar el idioma de una forma más directa y automática, sin tener necesariamente que hacer referencia al idioma original. Comenzamos a hablar el nuevo idioma con cierta fluidez.

Según explica la Dra. Rita Santayo Venegas de Babbel, en el cerebro de alguien que se vuelve bilingüe o multilingüe, pueden estar activos simultáneamente varios sistemas lingüísticos. Nuestra lengua materna y los idiomas que aprendemos durante nuestra vida se impactan e interfieren entre sí. De hecho, estos son los tres motivos por los que se produce la erosión lingüística:

  • El dominio cada vez mayor del L2, o lenguaje aprendido, y la reducción de la exposición al L1. Esta erosión tiende a hacerse evidente en la construcción del vocabulario del hablante, mientras que el conocimiento de la gramática (estructura) y la fonología (sonido) permanecen más estables.
  • Dependiendo de la frecuencia con la que se activen los sistemas lingüísticos, uno de ellos puede volverse dominante mientras que el otro se hunde en las profundidades de nuestra memoria, de tal manera que se vuelve difícil para nuestro cerebro recordarlo (o recordar aspectos del mismo)”.
  • La actitud y la motivación de un hablante hacia sus idiomas nuevos y nativo también pueden tener un efecto en el desgaste del idioma. Esto puede ser ilustrado más claramente con la experiencia de Aharon Appelfeld, uno de los autores en hebreo más destacados de Israel. Appelfeld a pesar de haber comenzado a aprender el idioma cuando era adolescente, desde pequeño estuvo rodeado de una embriagadora mezcla de idiomas. Nació en 1932 en una antigua provincia del Reino de Rumanía, que ahora se encuentra en Ucrania. Sus padres eran judíos y hablaban alemán vienés, aunque sus abuelos hablaban yidis y él creció con el alemán como lengua materna. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, sólo tenía siete años. En 1941 perdió a su madre y, un año después, él y su padre fueron deportados a un campo de concentración nazi, del que logró escapar en 1942. Vivió como fugitivo, pasó algún tiempo escondido, trabajó como cocinero en el ejército soviético y, finalmente, estuvo una temporada en un campo de desplazados en Italia antes de emigrar en secreto a Palestina en 1946. Así, su mala experiencia con los nazis supuso una actitud emocional negativa hacia su L1 y la determinación de integrarse rápida y completamente en una nueva comunidad probablemente aceleró la erosión.
  • Existen estudios que sugieren que la calidad del contacto con el idioma nativo tiene una mayor importancia que la cantidad o frecuencia de su uso. Lo que significa que, la exposición tanto a otros migrantes que pasan por un proceso de erosión de la L1, como a hablantes de L2 de tu idioma nativo pueden acelerar la pérdida de tu propio idioma, y esta constelación es muy común entre las comunidades de expatriados.
El lenguaje está vivo, en constante cambio y tiene fuerza emocional. Su asimilación en el cerebro no solo reside en la memoria, sino también en el sistema límbico (donde se “ubican” las emociones). Ya sea que aprendamos un idioma por amor, por trabajo o para conectar con nuestras raíces, un segundo idioma puede lograr el dominio en la jerarquía de idiomas en nuestro cerebro. Esta pérdida representa la desaparición de una de las primeras cosas que heredamos y un pilar fundamental de nuestra identidad”, asegura la Dra. Rita Santoyo Venegas.